Orgullosos de nuestros jugadores y de ser del Granada CF

Lo de ayer empezó desde el sábado por la noche, con los nervios característicos de la noche de Reyes o de alguna fecha importante que tienes marcada en rojo en el calendario desde hace mucho tiempo. Esos nervios, esa ilusión, esas ganas, ese brillo en los ojos que veías en la cara de esos cientos de personas que esperaban a las siete de la mañana el autobús con destino Madrid para acompañar y apoyar a su equipo, para volver a ver al Granada CF compitiendo en uno de los estadios más bonitos de España, para pasar un día inolvidable, fuera cual fuera el resultado.

Tanto en el camino de ida como de vuelta la gente estaba igual de ilusionada. Esto es lo que provoca este equipo. Gane o pierda hace estar orgullosa a su afición.

Cuando las cosas no salen bien, como pasó en la primera parte, hay quienes se hunden y hay quienes sacan su mejor versión. Este Granada CF es el claro ejemplo de los del segundo tipo. Frente a las adversidades se crecen y compiten. Compiten, sí. Esa palabra que tanto repite Diego Martínez y que tanto nos gusta a los granadinistas.

Este Granada CF nos representa, estos jugadores nos representan, este entrenador nos representa. Es muy difícil conseguir que un grupo de futbolistas profesionales formen un equipo y a la vez una familia. Y eso es lo que tenemos en Granada. Y de eso es de lo que estamos orgullosos.

Todos, afición y equipo, somos uno. Desde el año pasado se nota una conexión especial entre la grada y los jugadores. Cuando ganamos, ganamos todos y cuando perdemos, perdemos todos.

La aventura comenzó a eso de las 7 de la mañana en los alrededores del Nuevo Los Cármenes. Poco a poco iban llegando los aficionados  y subiéndose a su correspondiente autobús y en torno a las ocho menos cuarto salimos rumbo a Madrid llenos de ilusión y con muchísimas ganas de ver a nuestros jugadores sobre el césped del Bernabéu.

Una vez en Madrid, nos reunimos para recibir al autobús del equipo en su llegada al estadio. Desde ese momento los jugadores ya sabían que no estaban solos y que tendrían a miles de granadinistas apoyándolos desde lo más alto del Santiago Bernabéu.

Después fuimos entrando poco a poco al estadio y cuando ya estábamos acomodados en nuestros asientos, el colegiado señaló el comienzo del encuentro. Tan solo dos minutos después, Benzema consiguió adelantar al conjunto local en el marcador. Esta acción fue un jarro de agua fría para el equipo, que no salió preparado para encajar un gol tan rápido. Pero esto no fue lo peor ya que en el minuto seis de partido Montoro tuvo que retirarse lesionado del campo, y por tanto, el Granada CF perdía una de las piezas fundamentales del equipo. Entre una cosa y otra, al grupo de Diego Martínez le costó entrar en el juego, hacer su fútbol y tener la solidez a la que nos tienen acostumbrados.

Justo al final de la primera parte, el Real Madrid agrandaba la distancia en el marcador a través de Hazard, quien marcaba el segundo tanto del partido.

Tras esa acción ambos equipos se fueron al descanso. El conjunto rojiblanco necesitaba recolocarse y reorganizar el encuentro que se les había planteado.

En el minuto 61 de juego Modric disparó un misil que no pudo alcanzar Rui Silva. Parecía que el partido estaba sentenciado cuando Areola hizo un penalti sobre Carlos Fernández. El encargado de lanzarlo fue Darwin Machís y no dudó en meter el balón en la red. Ocho minutos más tarde el Granada CF conseguía reducir más la distancia en el marcador con un gol de Domingos Duarte, el primero en la cuenta particular del defensa luso. En la grada ya estaba desatada la euforia. Ese era nuestro equipo.

Pese a que el conjunto visitante seguía intentándolo, no pudieron conseguir el empate y en los minutos de añadido los jugadores merengues lograron marcar su cuarto gol y así dar por finalizado el encuentro y afianzar su liderato.

Mientras, el Granada CF tenía una sensación agridulce. Agria por no puntuar y por los fallos cometidos durante todo el partido y dulce porque este equipo seguía mostrándose fiel a sus valores y principios, luchando cada balón hasta el final y dejándose la piel en el campo hasta que el colegiado pitara el final del encuentro.

No conseguimos sumar puntos en la clasificación pero sí que nos llevamos una sensación de felicidad por ver cómo este equipo planta cara a cualquier rival y cómo consigue hacernos disfrutar aún en las derrotas.

A este Granada CF todavía le queda por dar mucha guerra. La ilusión de la afición no tiene límites. Lo que están consiguiendo estos jugadores no tiene precio.

Qué bonito es ser del Granada CF.

 

 

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