Opinión | La dificultad de la gestión

Mucho se le exige, y es lógico desde el punto de vista del aficionado, a la gestión del Granada Club de Fútbol. La actual cúpula aterrizó tras caer a Segunda División y, desde entonces, el club está sumido en un incesante y necesario reajuste a las nuevas circunstancias; sobre todo desde el prisma presupuestario. El techo de gasto salarial es escollo para todo, aunque no es el único impedimento cuando se trata de cerrar tanto incorporaciones para el primer equipo como nuevos patrocinadores que contribuyan a la confección de la plantilla durante el mercado estival.

Pero contextualicemos el marco general antes de profundizar: la ayuda por el descenso a Segunda División de La Liga, dejó un escenario en el que se entendía que el Granada estaba obligado a recobrar la categoría de manera inmediata. Algo perfectamente comprensible, pese a detractores que insistieran, con cierta razón quizá, en la necesidad de adoptar un cariz más humilde. La competición dictaminó en junio un doloroso resultado: media tabla, lejos de la pugna en playoff por el ascenso a la élite, cuando el objetivo, públicamente, se fijaba en la primera o segunda plaza un año antes. Se fracasó.

Sin embargo, lo cierto es que el crecimiento y la reconducción de una crisis, sea en clave empresarial, institucional o, por descontado, deportiva, precisa del fracaso. Cada gabinete cuenta con su idiosincrasia y sus recursos. Pina tenía un modus operandi; Lizhang, otro. La sumatoria de los errores del nuevo colectivo, aún en Primera, abocaron al Granada a Segunda. Ya en el escalafón inferior de la competición profesional española, la dirección se renovó; punto a partir del cual es necesaria paciencia para el asentamiento de las nuevas bases. Los errores depuran, de manera natural, cualquier sistema para, finalmente, dar paso al crecimiento y a la estabilidad del nuevo modelo, optimizando los resultados a partir de los recursos de la nueva cúpula.

Es importante comprender lo anterior para aceptar que, incluso trabajando a destajo, los resultados no tienen por qué producirse ni en el momento ni en la forma deseada. La gestión, en términos generales, es una carrera de fondo que requiere compromiso, constancia, determinación y humildad en el trabajo. Un trabajo que, aun desarrollándose incansablemente e incluso mejor que la competencia, puede y suele resultar ingrato por el incumplimiento de las propias expectativas u objetivos. Llegados a este punto y aceptando la realidad, debe subrayarse que el Granada trabaja tanto como el que más. Tendrá errores y aciertos, como todos. Es inherente a la condición humana.

Los condicionantes

Las cartas estaban marcadas en junio. Es cierto, tanto como que no por estarlo se iban a cumplir todos los objetivos, fundamentalmente desde la perspectiva presupuestaria. El contexto suele pesar más que la voluntad de tomar decisiones. El caso Javi Varas lo atestigua. Las ofertas no satisfacían las pretensiones ni del club ni del futbolista, partiendo del contrato en vigor del meta. Ni el Granada debía malvenderlo, para tener opción de rentabilizar la salida de su activo, ni él deseaba bajarse el sueldo. Está en su derecho como trabajador con contrato en vigor. Contrato cuyas condiciones actuales le resultan más ventajosas que las propuestas recibidas. Simple: cada persona vela por sus intereses.

En la toma de decisiones influyen factores que no siempre se controlan y que, de hacerlo, no siempre caminan en la dirección deseada. Que el Granada trabaje a conciencia en todas las áreas no garantiza resultados. Requiere tiempo. La creación de patrimonio tampoco es sencilla. Ya no en lo referente a la ampliación de la ciudad deportiva, que también, sino en la apuesta de progresión de jugadores, formados en categorías inferiores, hacia superiores. Manda lo económico, ante lo que el ingenio ha de exprimir los recursos para ‘huir’ de las limitaciones. Todo, con responsabilidad en términos de estabilidad general. ¿Aspiraciones? Máximas. Luego dictamina la tiranía de la competición.

Ni jugadores ni plantillas deciden de por sí; es cuestión de bloque. A lo largo de la historia muchos equipos han llegado a ‘estrellarse’, pese a atesorar plantillas de alto nivel, sobre el papel, confeccionadas para la consecución del ascenso a la categoría superior. Asimismo, otras han arrasado, cuando su objetivo era una humilde permanencia. Por ello, que lo rutilante de los ‘grandes nombres’ no ciegue la cuestión primordial: la construcción de un conjunto comprometido, cohesionado, sólido, regular y fiable. Sí, la calidad cuenta, pero no siempre es determinante. El oficio pesa; en bloque se erige un “muro”. Y no: “merecer” no implica conseguir. Reclamar la irrupción de determinados jugadores es fácil. Hasta evidente; la clave radica, única y estrictamente, en el rendimiento coral del equipo. La unidad lo es todo.

Las operaciones

Expuesto todo lo anterior, volvamos al punto de partida: la gestión en los despachos. El aficionado debe valorar la siguiente cuestión: cuesta mucho, a veces un mundo, hacer llegar a buen puerto según qué operaciones. Hasta estando ‘hecho’, cualquier situación puede torcerse. Dos más dos casi nunca suman cuatro. Lo que parece fácil, casi nunca lo es. Por eso la crítica constructiva precisa de la visión general de una gestión, con cierta perspectiva y distancia. Desde fuera todo parece simple; dentro se antoja un galimatías. Cuando el objetivo es mejorar, ante todo, resulta crucial el cultivo de una estabilidad sobre la que cimentar un crecimiento sostenible. Punto en el que se encuentra el Granada.

En suma y para concluir:

Por un lado, el Granada Club de Fútbol da síntomas de que, la depuración precisa para la estabilidad y mejora en todos los ámbitos, podría comenzar a tocar a su fin. Los de Martínez apenas encajan y, aún siendo un único partido, el triunfo ante Osasuna se produjo en el modo y forma que se necesitaba. Todo basado en el trabajo coral que, por momentos, permitía las cabalgadas de Vadillo y los fogonazos de Adrián Ramos. Un Ramos que, de reencontrarse con su mejor versión -tal vez comenzara a asomar en el primer tiempo- puede ser el delantero centro más determinante de la categoría.

Por otro, la crítica es sana en modo y forma adecuados. Ayuda a pulir y corregir errores, habida cuenta del ferviente deseo del retorno a Primera División. Supone colmar todas las expectativas, generando mucho para la ciudad. Amén del jolgorio. Pero tanto la propia crítica como la decisión de abonarse redundan en una cuestión puramente emocional y eso es algo que, en bonanza siempre será mayor y soplará en positivo y, en penurias, tan solo se conservará la lealtad y el afecto de los de siempre. Filipinos. Por ende, es vital la paciencia y el cariño para con el plantel 2018/19. Con sus errores y sus aciertos, el Granada está sembrando, a largo plazo, tras el barbecho; acabará recogiendo.

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