Marchitando la ilusión

El Granada CF atraviesa una situación que va apagando poco a poco la ilusión del aficionado, es por ello que deben ser éstos los primeros en levantarse

La esperanza es lo último que se pierde, al menos eso dicen. Depositamos toda nuestra ilusión cuando juega nuestro equipo. Da igual que pierda una jornada, esa noche nos acostaremos enfadados y sin articular nada productivo, igual que si de un matrimonio ante una pelea se tratase. Pero por la mañana la tormenta cesa. Volvemos a mirar al calendario buscando la próxima cita con el fin de animarnos, apoyar a nuestro equipo y reconstruir nuestro corazón a tiempo de crear nuevas ilusiones con la esperanza de conseguir una victoria.

El Granada CF ha firmado uno de los peores comienzos ligueros de su historia, muy comparable a la temporada 1941/42 cuando también llegaba a la sexta jornada con dos empates y cuatro derrotas pero, sorprendentemente, acabó décimo en la clasificación al final de temporada. Un poquito de tranquilidad, por favor.

No es fácil sentir unos colores que no acompañan con los resultados. No es fácil salir cabizbajo cada jornada de tu fortín. No es fácil llegar a un fin de semana y que el resultado de tu equipo torne de gris tu día libre. No es fácil ni justo. Pero así es el fútbol. El Granada CF nos ha dado momentos muy buenos, no creo que nos haya olvidado el resurgir del equipo de Segunda B a Primera. Disfrutamos mucho durante esas tres temporadas, incluyendo la primera en la máxima categoría del fútbol español. Nos ilusionamos al ver a nuestro equipo jugando entre los grandes, el Nuevo Los Cármenes sufrió una remodelación para poder ampliar el aforo, los abonos eran insuficientes para el vuelco de la afición y hasta tuvo que crearse una lista de espera. Aquellos que conseguían un abono lo celebraban como si de un pellizquito en la lotería le tocase. ¿Lo recuerdas? Porque tampoco nos acompañaron mucho los resultados esa temporada y temíamos mucho más al descenso que ahora, pero animábamos en cada partido como si fuera el último.

En una ocasión, una historia me enterneció mucho. Se trataba de un hombre de casi 90 años que a duras penas podía entrar al estadio con su bastón para ver un partido del filial. Con su abrigo de pana, su boina y su bufanda del Granada protegiéndolo del frío a la vez que le servía para animar, si es que podía levantar la mano con ella cuando se sentara en la grada. Las escaleras de acceso a tribuna eran todo una odisea a superar para ver a su equipo. Me acerqué y le pregunté si quería ayuda, pero le bastó con apoyarse en mi brazo. Sus palabras en ese trayecto las recordaré por siempre “muchacha, llevo casi ocho años viudo y me gusta tanto mi Granada que vengo a todos los partidos del primer equipo y del filial. No tengo hijos y solo quiero que llegue el día en el que juegan aquí. Ya me puedo morir tranquilo dejando a mi equipo en primera”. No supe qué contestar, pero aprendí a valorar el sueño en el que vivimos y del que nos quejamos cada vez que no conseguimos una victoria.

No puede ser. La afición no puede decaer, no puede marchitarse. Los clubes que descienden, lo hacen con su afición. Es el pilar más valioso de una entidad deportiva. Pero nosotros no hemos descendido ni lo vamos a hacer, quedan 32 jornadas para ver a nuestro Granada CF resurgir, para cantar goles, para brindar por la victoria… Como dice una canción que escucho mucho en la grada del fortín nazarí “pasa el tiempo, pasa la gente, jugadores y presidentes, y nosotros aquí presentes, animando hasta la muerte…”, ¿tampoco lo recuerdas?

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