Antonio Fernández: “Nuestro objetivo es recuperar, en el menor tiempo posible, a los futbolistas para que rindan lo máximo”

El médico del Granada CF, Antonio Fernández Gere, nos cuenta como fue su llegada a la entidad rojiblanca y su día a día como sanitario del club

 

Tranquilo y sonriente. Dos calificativos que se ajustan bastante al perfil de Antonio Fernández Gere, el médico del Granada CF. Natural de Jerez de la Frontera y con 40 años de edad, está casado y es padre de dos niños. Su pasión por la medicina le llega desde pequeño, cuando con apenas cinco años su madre lo llevaba al pediatra y jugaba a adivinar el diagnóstico.

Se considera apasionado del deporte, pero reconoce que nunca fue bueno jugando al fútbol, “si eras malo te ponían de portero o no te ponían, así que me dediqué a ver los toros desde la barrera” contaba entre risas. Su dedicación a la medicina la compaginaba escuchando retransmisiones deportivas por la radio.

La sala de prensa de la Ciudad Deportiva de la entidad rojiblanca se convierte, por unos momentos, en una sala médica en la que Antonio nos atiende después de un entrenamiento matinal.

Pregunta: Cuéntanos un poquito tu historia

Respuesta: Estudié medicina en Cádiz y me apunté a todas las asignaturas de libre elección relacionadas con el deporte. No sabía a qué me iba a dedicar realmente, pero tenía claro que quería ser un ‘médico amplio’, es decir, no quería una especialidad en concreto, prefería ser médico de familia, internista o deportivo. Durante ese tiempo me apunto al equipo de fútbol de la Universidad como ayudante del médico para llevar las lesiones, era malo jugando pero me encantaba el fútbol.

“Uno de mis primeros trabajos fue como médico de un ‘botiquín de playa'”

P.: Cuando terminas la carrera, ¿empiezas a ejercer como médico?

R.: Cuando termino la carrera me pongo a estudiar el MIR. Como necesitaba sacar dinero, ejerzo de médico de urgencias y de médico de familia cogiendo sustituciones en el SAS, sobre todo en verano. Incluso uno de mis primeros trabajos fue como médico de un ‘botiquín de playa’.

Cuando apruebo el MIR escojo medicina deportiva en Málaga, en contra de los consejos familiares y amigos porque tenía un buen currículum y porque hace 15 años no estaba en auge ser médico de un equipo de fútbol, menos aún de primera.

P.: Siendo sinceros, sólo hay 20 equipos en primera, por lo que no es fácil llegar a formar parte de uno. ¿Tuviste muchas trabas?

R.: La verdad es que me fue todo rodado. Despuntaba en la especialidad y fui uno de los primeros de mi promoción, por lo que me ofrecían becas del servicio de deportes para trabajar en la Universidad de Málaga haciéndole pruebas de esfuerzo a los jugadores del Málaga B, porque entrenaban al lado, y a los de baloncesto y rugby. Tuve la suerte que el médico del Jerez estudió en mi misma escuela y me dijo que necesitaba un ayudante. No me lo pensé. Como todavía estaba estudiando segundo de la especialidad, los fines de semana me trasladaba a Jerez para cubrir los partidos del juvenil y del B y le ayudaba a él con el primer equipo. Para mí fue un sueño entrar en el equipo de mi ciudad de becario.

A los dos años cambia el equipo médico del Sevilla y me llamaron para llevar la cantera. Al acabar la temporada me llaman del Almería proponiéndome montar un servicio médico. Realmente pensaba que iba a promocionar en el Sevilla y que iba a llegar al primer equipo, pero cogí a mi mujer, que por entonces era mi novia, y me lancé a la aventura. En mi segundo año allí viví el ascenso a primera, con Unai Emery en el banquillo.

P.: ¿Cuándo te llama el Granada CF?

R.: En Almería estuve un total de seis años, dos en segunda y cuatro en primera. Pero yo siempre seguía a todos los equipos andaluces y me parecía una pasada como el Granada, en Segunda B, llenaba Los Cármenes. Cuando llega Pina, el equipo empieza a ascender hasta llegar a Primera. Entonces me llama Juan Carlos Cordero, porque querían un servicio médico más específico en el Granada, y me reactivó la ilusión, me encantó el proyecto, ya te he dicho lo aventurero que soy.

“Nuestro objetivo es recuperar en el menor tiempo posible, y en las mejores condiciones, a los futbolistas para que el fin de semana rindan lo máximo”

P.: ¿Cómo es el día a día del médico de un club?

R.: Un vestuario es una cosa muy especial. Nosotros tenemos una clínica aquí en la Ciudad Deportiva, estamos dotados de más recursos que cualquier clínica de fisioterapia privada con máquinas de última generación, y contamos con tres fisioterapeutas y un recuperador. Mi día a día es pasar consulta a ellos. Venimos una hora antes del entrenamiento y vemos a todos los que están lesionados o tocados. Luego tenemos una reunión entre nosotros y con los técnicos. Así el entrenador sabe con quién puede contar para el entreno y las previsiones de cara al fin de semana.

A los que no pueden entrenar se les diseña un trabajo en camilla, en piscina o en gimnasio. Nuestro objetivo es recuperar en el menor tiempo posible, y en las mejores condiciones, a los futbolistas para que el fin de semana rindan lo máximo.

P.: Entonces… sois vosotros los que proponéis el método de entrenamiento de los futbolistas cuando salen de una lesión…

R.: Si, hasta que no tiene el alta médica nosotros le planificamos los entrenamientos. Para mí no consiguen el alta hasta que no entrenan dos o tres sesiones con normalidad después de la lesión. Por eso a veces un futbolista entra y sale del entrenamiento en grupo, es parte de ese trabajo que tiene planificado.

“Lo que más fastidia a un futbolista son las lesiones de rodilla”

P.: ¿Cuál es la lesión deportiva más grave a la que te has enfrentado?

R.: Lo que más le fastidia a un futbolista son las lesiones de cruzado, y todas las de rodilla, porque es lo más invalidante y porque el periodo de baja es mayor. No son las más graves, pero sí las más frecuentes. El jugador lesionado va a estar unos seis meses de baja y tenemos que ejercer de psicólogos, darle seguridad, que se sienta importante y decirle que va a volver a jugar al fútbol.

P.: Pero un estadio de fútbol no es un hospital, cuando hay una lesión grave ¿cómo reaccionáis?

R.: Hay que distinguir dos cosas: urgencia vital y lesión deportiva. En la urgencia deportiva lo primero que se valora es si puede seguir o no puede, en muy poco tiempo hay que decididlo. Si la lesión puede repercutir, solicito el cambio. Una vez dentro del vestuario se valora de nuevo.

En la urgencia vital tenemos un protocolo de actuación en el campo. Ahora hemos incorporado otro médico al grupo, Felipe Segura, que está siempre con un botiquín a pié de campo y a una señal mía, sale. En mi bolsillo siempre llevo un ‘guedel’, para facilitar la respiración del futbolista inconsciente que se traga la lengua, gasas y guantes. Junto al cuarto árbitro tenemos desfibrilador, utensilios para intubar y coger vías intravenosas. Además siempre hay una ambulancia en los estadios con médico, enfermero y personal sanitario para hacer un traslado de urgencia.

P.: ¿Y en los campos que visitáis?

R.: En todos los campos que visitamos me recibe el médico del equipo, al igual que yo los recibo cuando vienen otros equipos a jugar aquí. Nos explicamos donde están los desfibriladores, la ambulancia, etc.

P.: Siempre he pensado que una ambulancia es poco si pasara algo en la grada, hay miles de personas…

R.: Hay un protocolo con Cruz Roja, mucho personal con walkys, y puntos para atender a todo el mundo. Alguna vez he tenido que atender a alguien del público porque me han llamado, pero tendemos a que haya coordinación con personal sanitario.

“Me consultan por una otitis, un orzuelo, o un problema dermatológico”

P.: ¿Aspiras a seguir creciendo como médico o como médico deportivo?

R.: Para mí va unido. Diariamente ejerzo de médico. A mí me consultan por una otitis, por un orzuelo o por un problema dermatológico. Yo soy su médico de familia, incluso veo a sus hijos.

P.: Pero promocionar más, en tu caso, como médico deportivo es complicado, porque ya estás en Primera…

R.: No, yo sigo aprendiendo. Para mí es un privilegio llevar diez temporadas en Primera, seis con el Granada y cuatro con el Almería, pero siento que me queda mucho por aprender.

P.: En tus inicios trabajaste como médico de familia y ahora como médico deportivo, ¿son más ‘quejicas’ los futbolistas que otras personas?

R.: En el fondo son pacientes que están enfermos o con molestias. A su nivel, todo el mundo tiene sus quejas pero la parte positiva es que conmigo tienen confianza y me cuentan problemas de todo tipo. Sinceramente prefiero trabajar con gente joven, deportistas, conseguir alargarles su carrera deportiva, y la emoción y la adrenalina de la competición.

P.: ¿Respetan las pautas que le das para su recuperación?

R.: A veces pactamos, pero por lo general sí. Ellos son profesionales y saben que tienen un médico 24 horas a su disposición. Saben que estamos formados, tenemos experiencia y que queremos lo mejor para ellos.

P.: ¿Cómo preparas a un futbolista antes y después de un partido?

R.: Cada uno tiene sus manías y sus peculiaridades. Eso es más trabajo de los fisioterapeutas que los calientan, los masajean y hacen ejercicios de activación precompetición. Yo me encargo de si necesitan medicación, suplementación y nutrición prepartido.

“Mirar a la grada y ver a la gente disfrutar, me emociona”

P.: Te he visto llorar en partidos como con la victoria del Granada – Barça, en las celebraciones de permanencia has saltado siempre el primero…

R.: La verdad es que siento mucho al Granada, me emociono. Es algo incontrolable. Con los años se aprende a disfrutar y yo lo hago. Mirar a la grada y ver a la gente disfrutar con esa alegría me emociona y me da por llorar, igual que cuando nos salvamos me da por correr (risas).

P.: Para terminar, cuéntame alguna anécdota divertida.

R.: Se me viene a la cabeza el partido en Valladolid, último de liga y en el que necesitábamos ganar para mantener la categoría. Al descanso entramos en el vestuario y un compañero informó de lo que pasó en el partido del Osasuna (caída de una barandilla con numerosos heridos leves) y que no podíamos salir a jugar la segunda parte aún. Al ver la entereza del vestuario, mirarlos y verles la cara de concentración, supe que nos salvábamos.

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